Priorizar Tareas Cuando Todo Parece Urgente

Aprendizajes de mi trabajo durante la DANA

Cuando la DANA arrasó nuestra comarca, empecé a ayudar de manera espontánea a los afectados. La situación era extrema: casas inundadas, carreteras cortadas y familias que lo habían perdido todo o casi todo. Todo parecía urgente y necesario. Lo que más me marcó fue la gravedad del desastre, pero algo que me ha hecho reflexionar mucho estos días ha sido la coordinación conseguida entre los voluntarios tanto profesionales como civiles, trabajando como un equipo unido.

Aunque en ese momento la ayuda surgió de forma caótica, la experiencia de estos dos meses me muestra que, con confianza y coordinación, incluso en las situaciones más difíciles se puede avanzar con eficacia. Hoy te cuento lo que aprendí sobre cómo priorizar cuando todo parece urgente, lecciones que también aplico en mi día a día como coach.


1. Confía en el liderazgo y en la experiencia del equipo

Lo primero que aprendí fue a confiar plenamente en los cuerpos de seguridad. Policía, bomberos y Protección Civil nos guiaron en cada paso, asignando tareas y priorizando las acciones más importantes. Al principio tenía la sensación de tener que llegar a todas partes y hacer de todo, pero entendí que mi papel era seguir las indicaciones de las prioridades para que el equipo funcionase como un todo.

En el trabajo, esta lección se traduce en confiar en los líderes y en las personas con experiencia, en lugar de intentar abarcarlo todo. Dejarse guiar por quienes tienen una visión más amplia no solo alivia el peso de la responsabilidad, sino que garantiza que el esfuerzo sea más efectivo.


2. Aprende a priorizar lo verdaderamente urgente

Durante la DANA, nos hemos topado con mil tareas a realizar: rescatar a personas, organizar suministros, asegurar y despejar comunicaciones y mucho más. Parecía imposible decidir por dónde empezar. Pero aprendí que lo urgente no siempre es lo mismo que lo importante. Cada día, establecíamos prioridades claras, como garantizar la seguridad de los más vulnerables y llegar a las zonas aisladas.

En tu día a día, toma ejemplo: pregúntate qué tareas tienen el mayor impacto y céntrate en ellas primero. Aunque cueste ignorar lo que parece urgente, priorizar lo realmente importante es la clave para avanzar.


3. La coordinación es más fuerte que el esfuerzo individual

Hubo momentos en los que el esfuerzo individual parecía insuficiente. Pero lo que marcó la diferencia fue la coordinación entre todos. No importaba si eras profesional o voluntario civil: cada uno tenía un papel específico, y juntos logramos lo que parecía imposible.

En cualquier equipo de trabajo, recuerda que el éxito no depende de cuánto hagas tú, sino de cómo trabajéis juntos. Confía en el equipo, comunica claramente y no temas delegar. Juntos, todo es más fácil.


4. Adáptate a lo que surja sin perder el foco

Una de las mayores lecciones fue que, por mucho que planificáramos, todo cambiaba constantemente. Un acceso que se complicaba por los trabajos de rehabilitación, nuevos derrumbes, los miles de vehículos a retirar o un grupo de personas que necesitaba ayuda urgente en otro punto. Aprendí a ser flexible y ajustarme a las nuevas prioridades, pero sin perder de vista el objetivo general.

En el ámbito profesional, esto significa ser capaz de revisar tus planes durante el día y adaptarte a los cambios sin caer en el estrés. No se trata de improvisar, sino de mantener el foco mientras te adaptas al contexto. Utiliza tus recursos personales para poder atender a las demandas constantes y cambiantes de la jornada.


5. Confía en que todo pequeño esfuerzo cuenta

Durante las jornadas, han existido momentos de agotamiento en los que me preguntaba si lo que hacía realmente valía la pena. Pero ha bastado ver a una familia que retoma cierta “normalidad”, que puede regresar a su casa en condiciones mínimas y dignas, o que hemos orientado a miles de personas desorientadas y en shock para saber que cada pequeño gesto cuenta.

En el trabajo y en la vida, recuerda que no tienes que hacerlo todo para tener un impacto. A veces, lo más pequeño puede ser lo más significativo para alguien.


6. No descuides tu energía: nadie ayuda desde el agotamiento

Hubo un momento en el que, tras horas de trabajo, necesité parar. Fui consciente de que si no me cuidaba física y emocionalmente, no podría seguir ayudando. Incluso en medio de una emergencia, cuidarse es parte del trabajo. Esta ha sido también parte de mi labor, cuidarme y cuidar de los que nos cuidan.

Esto es igual de importante en tu día a día. Haz pausas, recarga energías y no sientas culpa por desconectar. Ayudas más cuando estás en plenas facultades que cuando estás agotado.


7. Siempre hay esperanza en la colaboración humana

La experiencia de la DANA me dejó claro que, incluso en los momentos más difíciles, la unión y la colaboración entre las personas lo cambian todo. Ver a los cuerpos de seguridad, los vecinos y los voluntarios trabajando codo con codo ha sido inspirador para cientos de personas que hemos trabajado desde la necesidad más genuina de querer ayudar.

Cuando todo parezca abrumador, recuerda: confía en los demás, prioriza con claridad y no te olvides de la gran capacidad que tenemos para superar retos juntos.


Reflexión final

La DANA en Valencia me ha mostrado que, aunque todo parezca urgente, siempre hay formas de priorizar y actuar con eficacia. La clave está en la confianza: en el equipo, en el liderazgo y en nuestra propia auto gestión. Estas lecciones no solo son útiles en emergencias, sino también en cualquier momento en el que sientas que no puedes con todo.

¿Tú también enfrentas situaciones en las que todo te parece urgente?